Traducido por María Pieda Ossaba, Tlaxcala
Original: Les Pieds Nickelés chez Charlie-Hebdo
Original: Les Pieds Nickelés chez Charlie-Hebdo
Al horror legítimo, la respuesta propuesta es, como de costumbre, la unión nacional, de Mélenchon a Le Pen, pasando por Sarkozy y Hollande. Los comecuras enviados el miércoles al otro mundo por los hermanos Kouachi debieron reírse al escuchar doblar las campanas desde las torres de Notre-Dame y de otros catedrales de la dulce Francia, hija mayor de la Iglesia. El Papa Francisco sólo tiene que iniciar el proceso de beatificación.Permanezcamos razonables y planteemos algunas preguntas de sentido común acerca de la horrible matanza de Charlie Hebdo. Se nos dice que ha sido cometido por dos terroristas profesionales, que se comportaron de una forma técnicamente impecable. Primera pregunta: usted es un terrorista profesional, que se embarca en una operación comando con armas, capuchas y chaleco antibalas. ¿Lleva su tarjeta de identidad? Usted deja el primer automóvil que utilizó para continuar su fuga. ¿"Olvida" usted su tarjeta de identidad en ese coche? Estamos soñando o estamos frente a un escenario de Pies Niquelados* versión 2015, revisados por Luz y sus compinches.
¿No le recuerda algo? A mí, sí: los famosos pasaportes de algunos terroristas del 11 de septiembre encontrados intactos en los escombros de la Zona cero. O el coche alquilado por los hombres que supuestamente cometieron los atentados del 7 de julio de 2005 en Londres, y que pagaron con una tarjeta de crédito auténtica que permitió su identificación inmediata.
Chérif Kouachi, el menor de los dos hermanos, era más que « conocido por los servicios de
policía»: había sido encarcelado, juzgado, condenado, arrestado de nuevo,
encarcelado, juzgado, declarado inocente. En resumen, figuraba en los archivos
de los servicios de inteligencia desde hacía 10 años. ¿Por qué y cuándo dejaron
de vigilarlo? El jueves por la mañana, Manual Valls dijo una frase que resulta
sorprendente: «Estos individuos eran sin duda seguidos pero el riesgo cero no
existe».
